Las ciudades asilo

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Nanmoku es la ciudad más anciana de Japón. Tiene veintidós mil habitantes, de los cuales el 52,7 por ciento tiene 65 o más años.

Los responsables de esta ciudad de la provincia japonesa de Gunma están desesperados. Necesitan urgentemente gente joven, rejuvenecer su población o, si no, prepararse para “desaparecer del mapa”.

En un último intento por invertir esta dramática situación, desde el pasado mes de diciembre la ciudad ofrece casa y 150.000 yenes (cerca de 1.300 dólares) a personas de entre 20 y 40 años de edad que se trasladen para residir en la ciudad durante, al menos, tres años, participando en un programa de revitalización urbana y social que se está llevando a cabo.

Hasta el mediodía del pasado 26 de enero no se había apuntado nadie al programa.

La desesperación es total en esta ciudad que sobrevive básicamente del cultivo del “konnyaku” (una especie de patata) y de las flores y que necesita con urgencia nuevas ideas que contribuyan a revertir la certidumbre de la muerte ya que se calcula que, de mantenerse esta tendencia, hacia el año 2040 la ciudad quedaría reducida a poco más de seiscientos habitantes.

Nanmoku está enclavada en medio de una región montañosa. No cuenta con acceso a autovía ni con tren. Para acceder a una autopista o al ferrocarril los residentes han de trasladarse a una localidad vecina.

Mientras tanto, y a raíz de la difusión de la noticia en los medios internacionales, la ciudad ha recibido decenas de mensajes y de peticiones de información procedentes de ciudadanos extranjeros (en su mayoría sudamericanos). Las autoridades de la ciudad japonesa no cierran la puerta a los potenciales emigrantes si bien advierten que “quien desee incorporarse al programa habrán de establecerse en el país y obtener el correspondiente visado”.

También confirmaron que la idea consistía en atraer a residentes vecinos y japoneses, habida cuenta del carácter esencial de la cuestión del idioma, así como la necesidad de contar con un visado. Es decir, que si bien no impiden las inscripciones, reconocen que no tenían previsto recibir a extranjeros.

Y ello a pesar de que en el programa en cuestión, denominado Chiiki Okoshi Kyoryu Tai, no se había inscrito nadie hasta el 26 de enero, fecha en que apareció la información en el periódico Yomiuri. En japonés, naturalmente.

 

Mientras tanto, en Europa…

 

El problema demográfico es uno de los rompecabezas más evidentes de las autoridades del país asiático. Lo que está en juego es el equilibrio sostenible de la nación a medio plazo, que se acorta de manera galopante. El incremento de la esperanza de vida, el cada vez menor número de nacimientos en las familias y el consecuente desequilibrio generacional están alcanzando niveles alarmantes en el país del Sol Naciente.

Sans-titre1Pero esto es algo que se da también en la “vieja” Europa donde son muy numerosos los casos de ciudades y regiones que, para atraer residentes y fijar poblaciones, buscan crear incentivos a la natalidad, por ejemplo, aunque también incentivos de otro tipo. No obstante, existe la sensación de que no se están consiguiendo resultados visibles con esas políticas (algunas de las cuales cuentan ya con décadas). Ahora bien, la ausencia de resultados y la subsistencia de medidas aparentemente “inocuas”, convierten este problema, gravísimo en la mayoría de los países de Europa y especialmente grave en el caso de Portugal, en un deprimente escenario de propaganda político-partidista que se produce de manera programada y evidente en los períodos electorales y cuyos resultados, en la práctica, son residuales y poco expresivos, muy alejados de la solución que hace falta encontrar y de la urgente seriedad política que todos deben interiorizar al abordar este problema, independientemente de los ciclos políticos y de los intereses electorales.

Las ciudades asilo van en aumento en Portugal y en Europa y, con carácter general, constituyen un problema de Occidente. Y dan lugar a graves problemas para las sociedades libres y contemporáneas que, tarde o temprano, acaban por plantearse. El caso del éxodo de las poblaciones, sobre todo de personas jóvenes, hacia ciudades más grandes, en busca de empleo, de unas mejores condiciones de vida, de oportunidades, presiona de modo constante los pilares que las sostienen. Los equilibrios se van haciendo cada vez más delicados y las más mínimas oscilaciones nos muestran las realidades de la “ciudad gris” y deshumanizada.

Por otro lado, los sectores jóvenes de la población, creativos, innovadores, son los que sustentan en su mayoría los contingentes de este éxodo, dejando tras de sí el campo, la provincia, las pequeñas ciudades, donde se acentúan las diferencias demográficas. Resisten los grupos de población más envejecidos, más acomodados, con escasa propensión al riesgo, a la innovación y al emprendimiento. En el centro de esta tendencia también se acentúa una orientación ideológica más conservadora que se infiltra en muchas de las políticas y administraciones de las pequeñas y medianas ciudades. A causa de los diferentes círculos viciosos, cada vez quedan menos recursos, y ello a pesar de que un recurso evidente y obligatorio ha de ser siempre la inteligencia, pero también la conciencia. Porque peor que no entender es no ver.

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Vitor Pereira

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